Los Auténticos conforman una tribu que mora en el desierto australiano. Se dicen los habitantes más antiguos del Planeta, ya que se consideran los descendientes más puros de los hombres originales. Viven en completa armonía con la Naturaleza, que utilizan sin perturbar al Universo y piensan que el paso del tiempo cumple el único propósito de permitir que las personas se vuelvan mejores, ya que no ven nada especial en hacerse viejo (que ocurre eventualmente, sin exigir ningún tipo de esfuerzo.) Por eso no celebran el hecho de envejecer, sino que celebran que cada vez son mejores; de esta forma, dividen a la vida en dos partes: la que nos sirve para aprender, y la que vivimos según ese aprendizaje.
En mi caso particular, puedo decir que estoy de acuerdo con ellos y, salvo porque anden en taparrabos y coman gusanos, he decidido volverme feligresa de su doctrina (o sea, su FAN.) Lo primero que hice, fue reveer algunos acontecimientos de mi vida, para evaluar si he evolucionado como persona al día de hoy. A continuación, detallaré algunos ejemplos que se me cruzaron por la mente, para ilustrarlos un poco.
De los 0 a los 2 años: me cagaba encima y no sabía hablar, ni escribir, ni conocía muchas bandas más que María Elena Walsh.
De los 3 a los 5: estuve en un escalón de ser mejor persona, porque ya no me cagaba encima (incluso pedía cuando quería y me llevaban al baño!) Además, había aprendido a hablar y ya conocía ‘Cantaniño’ y la banda Sonora de ‘La Isla de los Witties.’ Ambas desplazaron a la Sra. Walsh hasta la tercera posición del ranking.
Mi problema en ese momento, era que todavía no tenía desarrollado el filtro entre mi cerebro y mi boca (
en construcción hasta el día de hoy); es así que un día, mi madre y yo nos encontramos en el ascensor con un vecino que sufría de parálisis facial (tenía la boca hacia un costado) y yo no tuve mejor idea que preguntarle por qué.
De los 6 a los 12: la primaria fue un retroceso. Lo único bueno fue haber aprendido inglés. Pero como paso hacia atrás, fue óptimamente aprovechado como empujón.
De los 13 a los 18: bueno, digamos que en la secundaria aprendí un montón de cosas. Si tomamos a la vida como una escalera de 10 escalones, diría que en esta etapa avancé 4 como mínimo.
De los 18 a los 24 : aquí también encontré una meseta, bastante productiva igualmente; muchas idas, muchas vueltas; muchas contras, muchos pro; mucho gin, mucho yan; y así sucesivamente. Fue como la parte culminante de mi vida ‘del aprendizaje’ (aunque sé que todavía me quedan cosas por aprender.) En este momento tuve las experiencias que hicieron formar mis gustos, más que nada por descarte. No sé si alguna vez se aprende lo que a uno le gusta, tanto como lo que a uno NO le gusta (la frase puede también leerse, reemplazando el verbo por ‘querer.’)
Evidemtemente la cosa se está dando por etapas. Y, siguiendo la lógica, la que viene ahora es de ascenso. Y creo que ya comenzó el proceso: el martes pasado ya me sentí mejor persona.
Volvía a mi casa a las 4.3 am con una tentación de Frutigran color fucsia. El primer intento de conseguirlas fue fallido: en el kiosco sólo quedaban las naranjas y las amarillas, y yo tenía a las fucsias en la cabeza. Fue entonces que recordé que había visto una oferta de aquellas, esa misma tarde en Farmacity (probablemente también por eso estaría tentada.) Paré el coche en la puerta del mismo y le toqué el timbre al vendedor de turno. Lo vi acercarse con los ojos semi abiertos/ semi cerrados y me dije a mi misma que necesitaba una coartada, no podía pedirle tan solo unas Frutigran fucsias. Era una farmacia y eran las 4.30 am !!! El chico se iba a sentir muy pelotudo y yo no podía dejar que eso pase. Por ese motivo, le pedí también una caja de Curitas. Así yo me fui contenta y él no se sintió taaan boludo, creo.
Evidencia primera
Veremos cómo sigue.